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12/30/2006

Las Pelucas Navideñas 2: en el corazón de la calle

Chicos y chicas: el otro día, en el único descanso que he tenido en mi vida desde que nací, me fuí a dar una vuelta nocturna por Madrid. De pronto, y como Oscar advirtió, me di cuenta de que había millones de personas con pelucas y todo tipo de accesorios de cabeza. En un primer momento sentí pesar por no llevar mi cámara en ristre para poder proporcionaros un documento gráfico de valor incalculable, pero luego me di cuenta de algo: mi movil tiene cámara.
A pesar de que esa cámara es precaria y de que era de noche, podreis advertir la mayoría de las pelucas que os voy a mostrar, y, en un apuro, si vosotros no veis nada, se las mando a Iker Jimenez y digo que son OVNIs en pleno vuelo.

Las he clasificado por temas:

PELUCA ESTILO AFRO


Se ve bastante mejor en la foto de abajo, pero es que la de arriba era un matrimonio o pareja sentimental con carricoche y bebé incluido en la que podeis apreciar que la mujer llevaba una peluca de trencitas. La peluca a lo afro no es de las más llamativas, por eso la he puesto la primera: para abrir boca. Aquí abajo una de las de trencitas.

STUDIO 54 FEVER


Como vereis en esta foto se refleja claramente que la gente lleva las pelucas tan pichi. Este muchacho estaba con su propia novia viendo a unos músicos en plena Plaza Mayor con su peluca, como el que oye llover.

PELOS DE PICHÓN
Esta es una de las que está haciendo furor este año. Como daltónico jamás sabré de que color es, pero supongo que de uno extraño. Es de las que más se llevan, en especial entre los varones mayores de 30 años.
PELUCA MIX ANTENITAS

Se ve mal, pero es la que va delante de la de pelos de pichón. Es una peluca azul (o morada, jamás lo sabré) y lleva encima unas antenitas blancas como de borreguillo. Consideraba que la peluca por si sola no era suficiente y le añadió un complemento a juego. Esa muchacha iba sola por la calle: tan pichi, como vereis.

LA RENOMANÍA
Como ya apuntó Miércoles Adams ( a la que dedico estas fotos) los cuernecillos de reno marcan tendencia y causan furor por estas fechas en Madrid. Son el complemento más sofisticado de todos y hacen furor entre la gente bien. En la foto de arriba, un muchacho se coloca sus cuernecillos para estar perfecto. En la de abajo, una feliz pareja disfruta de la vida.

MELENA FOGOSA DE KING AFRICA





Aquí vemos a este señor y otros miembros de su familia, que parecen estar a punto de cantar la Bomba o hacer un movimiento sensual, según el gusto del consumidor.

Bueno, y hay otros más que no pude inmortalizar, como los sombreros de cowboy de todo tipo y color, los gorritos de Papa Noel (que aunque no os lo creais no es lo que más se lleva), y otras pelucas mega amarillas o con trencitas en plan Spice Girl. Una novedad de este año, y que no he podido retratar debido a la mala calidad de imagen, es el gorrito de rastafari con trencitas incorporadas. es de los más discreto y triunfa entre la tercera edad. Los gorritos de Papa Noel luminosos aparecerán según los regale Orange en la Puerta del Sol, creedme.

Deciros que arriesgué mi vida haciendo todas estas fotos de estrangis, y que ademñás de a Miércoles Adams se las dedicó a todos esos personajes anonimos que aparecen en ella siendo testigos mudos de la historia.

12/21/2006

Sorbete de sesos de mono o las pelucas madrileñas

He descubierto, gracias a Oscar, que en Madrid tenemos una tradicción navideña que escapa a los límites de la realidad. A mí me parecía lo más normal del mundo (bueno, normal normal, tampoco) y pensaba que era un ritual de lo más común en toda España, pero gracias a Oscar y a millones de comentarios en su blog he descubierto que no es así. ¿Qué es eso que hacen algunos madrileños que resulta tan raro a los ojos del mundo? ¿Qué ha hecho que el propio Oscar, el del blog audiovisual, acostumbrado al Golosina o a Carmen de Mairena en su televisión, se escandalice en su visita a Madrid? ¿Qué ha podido ser?

Bueno, pues la tradición consiste en que en el mismo instante en que el alcalde de turno (en este caso Gallardón) enciende la primera luz navideña, la gente va directa al mercadillo de la Plaza Mayor a comprarse las pelucas más absurdas que encuentre. Desde la más bisbalera hasta la clásica de pelo negro largo, pasando por la de trencitas pelirrojas o la de pelillos plateados. Da igual ser niño, mujer, hombre o perro, todo el mundo puede ponérselas para pasear por la calle sin reparos, que nadie se fijarñá más de la cuenta. ¿Nadie? Bueno, eso pensaba yo porque por lo visto esto es una misteriosa tradicción típicamente madrileña.

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La Plaza Mayor de Madrid, donde todo se origina.

¿Cuándo comenzó todo? ¿Porqué? Es algo dificil de aclarar. Yo siempre, desde que nací, he visto a gente con esas pelucas pululando por Madrid en estas fechas tan señaladas, aunque nunca me he llegado a poner una. Supongo que si poneis atención durante las campanadas, podreis advertir a unas cuantas personas empelucadas. Cualquiera puede caer en la tentación: pasar más de cinco minutos en Madrid en esta época puede llevarte a convertirte en un Bisbal del futuro... o en una Nina.

Oscar me pedía una respuesta, una solución a esta incógnita para poder dormir, para poder volver a conciliar el sueño ¿Qué misteriosa maldición superpoderosa recae sobre Madrid y hace que sus habitantes se pongan las pelucas más irreales y las vayan luciendo por la calle sin pudor? ¿Qué impulsa a los habitantes de esta ciudad a comprarlas, valgan lo que valgan, y a usarlas en el acto sin pensar en las consecuencias futuras? Por suerte o por desgracias Oscar tendrá que aprender a vivir con esa incógnita maldita. Los madrileños, tanto los que se ponen peluca como los que no, estamos tan afectados por esa maldición que ni siquiera nos damos cuenta de las miradas atónitas de los que no lo están. Yo, por un momento, por esta noche, me he dado cuenta de la realidad, pero mañana será otro día y puede que yo mismo sea el que lleve una de esas pelucas letales.

Os invito a venir a Madrid a verlo, a descubrir esta misteriosa situación única en el planeta Tierra. Pero cuidado: podeis ser vosotros mismos los que acabeis debajo de una peluca. (Y lo de los gorritos luminosos de Papá Noel es que los regalaba Amena, que ya es que nos ponían la miel en los labios, hombre.)